sábado, 18 de abril de 2020



       El pasado 31 de marzo se cumplía un año de la manifestación que en esa fecha del año anterior reuniera en la capital de nuestra nación a más de cien mil personas contra la dura realidad de la despoblación que lacera a tanta parte del medio rural de nuestro país, esa España que al principio vinimos a llamar la España Vacía y hemos finalmente acabado nombrando, de manera mucho más ajustada a la realidad, la España Vaciada.
       La omnipresente realidad de la pandemia que nos azota relegó, ha relegado a un segundo término en los medios de comunicación y por ende en la atención ciudadana, la presencia de la conmemoración de aquel grito colectivo reclamando inversiones y un futuro en ese territorio para las nuevas generaciones. Pero esa realidad, esa dura realidad, sigue ahí como han recordado quienes organizaron la manifestación y por fortuna continúan trabajando para intentar que nuestra sociedad revierta tan discriminatoria e injusta situación.
       Y sigue ahí incluso puesta aún más de relieve por la propia crisis sanitaria que no ha hecho sino volver a evidenciar, con más crudeza si cabe que antes, las acusadas diferencias entre el deshabitado interior peninsular y las grandes aglomeraciones urbanas y las áreas costeras en sectores tan fundamentales para el propio existir de quienes en ellas aún –cada vez, por desgracia, menos y menos– viven o casi cabría decir que en ocasiones simplemente semiviven o sobreviven, en materia de infraestructuras sanitarias, comunicacionales y tecnológicas.
       Semiviven, sí, porque ¿se imaginan cómo estaría siendo esta cuarentena que tanto nos agobia para quienes, incluido quien esto firma, tenemos el privilegio de la condición de urbanitas, sin haber tenido como quien dice a pie de portal y, con las pegas que queramos ponerles, la atención sanitaria, las tiendas y supermercados de alimentación y productos básicos, el transporte público o, ¡qué demonios!, esa tecnología digital que si por un lado está permitiendo, mejor o peor, el teletrabajo de los adultos y la educación online de nuestros hijos, por otro nos ha mantenido socialmente interconectados? Simplemente por ejemplo, ¿qué, reconozcámoslo, hubiera sido de nosotros estos días sin videoconferencias, sin Instagram, sin Facebook, sin Twitter sin Tiktok y sin plataformas de contenidos de ocio o culturales?


      Pues eso, eso precisamente, eso y todo lo anteriormente reseñado y alguna que otra cosa más es lo que, entrando ya en la tercera década de nuestro bendito siglo XXI, y para vergüenza colectiva, les pasa a nuestros compatriotas asentados en una España que, si sigue así, pronto dejará de existir, incluso de ofrecernos la egoísta oportunidad de asentar en ella nuestras idílicas segundas residencias campestres.

       Por eso, por la radical injusticia de tan desequilibrada realidad social, cuando esto pase, y entre tantas y tantas cosas que tendremos que replantearnos y deberemos apañar en este nuestro asendereado país, no deberíamos olvidarnos de ello y, es más, deberíamos exigirnos, poner manos a la obra, desde el más modesto ciudadano de a pie hasta los poderes económico e institucional, para hacer frente a la aguda crisis funcional que tanta parte de nuestro medio rural padece y, en consecuencia, reclamar , cual lo hiciera el diputado de Teruel Existe Tomás Guitarte en el pleno del Congreso en el que se votaron la prórroga del estado de alarma y la convalidación de las nuevas medidas sociales y económicas y en nuestra propia provincia demandan colectivos como, entre otros, Cuenca Ahora, que ese pacto o esos pactos para la reconstrucción del país de los que tanto se habla y esperemos que realmente se alcancen, no deje atrás a esa España olvidada, a esa España en tan mantenida y perpetua cuarentena funcional, a la España Vaciada.


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NOTA DE REDACCIÓN:

Hemos creído adecuado publicar en nuestro blog el artículo de LAS NOTICIAS DE CUENCA escrito por el periodista conquense José Ángel García. Al ser de interés por su acertado análisis sobre los efectos de la pandemia del Coronavirus, conocido también como Covid-19, que tanto dolor y estupor ha causado en nuestra frágil pero soberbia y prepotente sociedad.

El título ya es de por sí una llamada a la reflexión colectiva "CUANDO PASE", que encierra una pregunta a toda nuestra colectividad, tanto a políticos como al común de los ciudadanos: ¿qué haremos cuando esta terrible pandemia pase? ¿cambiará nuestra sociedad, nuestro país, nuestra región, nuestra provincia?, ¿seremos capaces de construir una nación menos desigual en sus territorios, menos egoísta?, ¿Seremos capaces de acabar con la despoblación de este amplísimo territorio del centro de España que afecta a tantas provincias y regiones?

Sea cual sea nuestra opinión, nadie salvo nosotros mismos podremos dar la respuesta a estos interrogantes.


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 EN TARANCÓN: OPINIÓN Y CULTURA
18 de abril de 2020






martes, 7 de abril de 2020

Domíngo Párraga Villanueva.

Un taranconero de la calle Cedazo

Escrito por Mariano Collado el Vienes, 27/03/2020.



Es la calle donde había nació Domingo Párraga Villanueva y por donde jugó sus primeros años. Después cuando formó una familia se fue, como otros muchos taranconeros, a un piso cercano a la avenida de Miguel de Cervantes. Un compañero de batallas locales, Mariano Collado, recuerda a este taranconero comprometido con su pueblo y su gente.


Adiós a un compañero de batallas


Domingo Párraga Villanueva siempre, desde muy joven, ha defendido unas ideas muy comprometidas con los trabajadores y con el histórico Partido Comunista de España. Domingo no era de medias tintas y con el paso del tiempo incluso sus ideas fueron radicalizadas más si cabe. Era un comunista callado pero contundente en la defensa de sus ideas.

Siempre fue un ciudadano comprometido y atento al discurrir de la política en su ciudad. En las primeras elecciones democráticas de 1979 se presentó como independiente en las listas del Partido Comunista de España con la que, por avatares diversos, llego a ser concejal en esa legislatura. Hay que recordar que en esas primeras elecciones, el Partido comunista de España tenía nada menos que cinco concejales.


Componentes candidatura de 2007 a las elecciones municipales.

Pero su compromiso con los trabajadores fue más allá, afiliándose en cuanto tuvo oportunidad a CCOO, sindicato del que fue, desde finales de los años 70, su máximo responsable en Tarancón. Fueron estos años en los que mi relación con Domingo fue más estrecha, al desempeñar yo por entonces cargos de responsabilidad en el sindicato de UGT. Juntos negociamos con los empresarios agrícolas de entonces el primer Convenio para los Vendimiadores con el que conseguimos un salario único. Por primera vez, se consiguió igualar el salario de la mujer al del hombre. En el convenio para el salario de la vendimia fue importante la participación del también desaparecido y representante de la patronal Manuel Ruiz Cézar (el hijo del médico, Don Juan Ruiz).



Papeleta electoral de las Municipales de 1979.

La colaboración entre CCOO y UGT en esos años fue total y Domingo tuvo que ver mucho en que se produjera esa buena sintonía. Fue un incansable luchador por la apertura del primer Centro de Especialidades. Nuestras dos organizaciones CCOO y UGT imprimieron unas pegatinas reivindicativas que se distribuyeron por todo el pueblo. Se movilizó y mucho en la recogida de firmas para hacer realidad el actual Parque de María Cristina, inaugurado por Raúl Amores. Unos terrenos que otros gobiernos municipales estuvieron a punto de convertir en pisos y cercas.

Después coincidimos también en las primeras Comisiones de Festejos que se pusieron en marcha con los Ayuntamientos Democráticos, en la que participaban todos los partidos y sindicatos y que , pusieron las bases para la organización de unas Fiestas más participativas y populares: elección de la Majas de las Fiestas, Ofrenda a la Virgen de Riánsares, verbenas, peñas… etcétera…

Domingo, que no faltaba nunca a los plenos del Ayuntamiento, en los últimos años andaba un poco delicado de salud y desafortunadamente nos ha dejado en estos días de encierro en los que nos ha sido imposible despedirnos de un buen comunista y una buena persona... Descanse en paz.

Fdo. Mariano Collado







El hombre bueno con Gabardina

Escrito por Antonio Parra, 13/03/2020 


Estoy seguro que muchos taranconeros no reconocerían a Gabardina por su nombre, José Miguel Ruiz Parra,  y eso  que fue alcalde de esta ciudad durante casi tres  años. José Miguel , además de taranconero de pura cepa,  y alcalde , fue un artesano extraordinario de instrumentos musicales de viento  y un gran  entusiasta de la música y de nuestra banda municipal donde tocaba  el trombón. Falleció el 7 de marzo, a los 77 años y  el funeral tuvo lugar el domingo en la parroquia de la Asunción. El Ayuntamiento decretó tres días de luto y las banderas ondearan a media asta durante las tres jornadas.


Presentación del Círculo Cultural Fernando Muñoz. 1973.


José Miguel Ruiz era un tipo corpulento al que seguramente la bastase una gabardina para resguardarse de la lluvia y el frio. Lo cierto es que se le veía, con frecuencia, utilizar esta prenda que hacía honor a su apodo heredado  de alguno de sus antepasados. Estaba emparentado con los herederos de ¨Teógenes Ruiz¨ y Dolores Ruiz, propietaria del estanco que había frente a la tienda de Zacarías y él nos contó en alguna ocasión que dos tíos abuelos suyos habían  participado voluntariamente en la Guerra de Secesión o guerra civil  estadounidense para luchar contra la esclavitud. Su amigos más cercanos, me cuentan que tenía mucha documentación sobre antepasados suyos y que una vez les enseñó, entre otras curiosidades la foto de un pariente italiano de su abuelo que fue un afamado cantante de ópera, Guidotti, y tenía un asombroso parecido con él.


Mitin. José García Barrios, y José Miguel Ruiz Parra.


Yo conocí a José Miguel  hace casi 50 años, en la primera reuniones políticas que el Círculo Cultural Fernando Muñoz y su  presidente Manolo González Bonilla "El Tripa¨ empezó a organizar en el Hotel Polo, al poco de morir el General Franco, y a las que asistíamos un grupo de jóvenes con inquietudes sociales  y algunas profesionales de  la policía que empezaban ya a dejarse ver y querer.

Fue miembro de la directiva de aquella asociación cultural y  uno de los fundadores del nuevo Partido Socialista Obrero Español, junto a Andrés Bermejo , Eladio Moya o Toni (el carpintero) que surgió en Tarancón con la Democracia. José Miguel  llegó a ser su Secretario General y , por una serie de carambolas, acabo también siendo Alcalde de 1985 a 1987. Finalizó un legislatura que se había iniciado con José García Barrios, arquitecto y primer alcalde socialista, que tuvo que dimitir porque prácticamente se quedó sin trabajo como arquitecto que era su verdadera profesión. Tuvo que correr la lista y así fue como José Miguel, aunque no le correspondía, acepto la responsabilidad de ser Alcalde de su ciudad.

Los años ochenta los pasé por mi profesión muy alejado de Tarancón pero mi amigo Pedro López Ocaña (Antona) recordaba estos días en Facebook que José Miguel dejó ¨una buena herencia para tan corto mandato¨: Finalizó la construcción del polideportivo cubierto ,la actual estación de autobuses y mejoró las naves del recinto Ferial. Reestructuró  todo el tráfico urbano con la colaboración del jefe provincial de tráfico que era de Tarancón, lo que permitió que se pudiese examinar  del carnet de conducir en Tarancón, y reorganizó la Policía Municipal, estructura que aún conserva. Consolidó y mejoró la Biblioteca Pública, y .organizó el importante y  abandonado Archivo Municipal con la convocatoria de la plaza de Archivero Bibliotecario, que ganó Jesús Garrido Gallego y que tanto está contribuyendo a la clarificación de numerosos hechos históricos del pueblo. Y durante su mandato encabezó él mismo la segunda gran manifestación junto con la Coordinadora Pro Ambulatorio, para exigir su apertura y puesta en marcha, consiguiendo finalmente que por fin se abriera el tan necesario Centro de Salud.


Mitin del PSOE. Primeras elecciones democráticas.

De su paso por la alcaldía solo recuerdo algunos comentarios soeces con los que  ¨señoras y señores¨ de  peluquerías y casinos ensuciaban su imagen contando chismes  como el de que ¨tenemos un alcalde que va a dejar cojos a todos los corderos de La Mancha¨. José Miguel siempre fue de buen comer y seguramente en sus comidas oficiales se pediría alguna, o más de una, rica y típica pierna de cordero. No lo sé ni me importa. Después de pasar por la Alcaldía, dirigió en Cuenca una Escuela Taller y finalmente se marchó a Madrid. Lo cierto es que no solo no estuve  cerca de él en esos años, sino que no lo había vuelto a ver hasta hace apenas unas semanas. Me lo encontré en un restaurante donde comía con su actual compañera y unos amigos de Madrid. No me dio tiempo a abrir la boca cuando empezó a elogiarme generosamente delante de sus amigos. Su bondad nunca tuvo límites, tampoco su humildad, su compañerismo  y su entrega. De su muerte me enteré fuera de Tarancón  y no pude asistir a su entierro. Un compañero suyo, socialista, me decía un poco enfadado que había echado de menos en el funeral a algunos ex-alcaldes  y a más compañeros socialistas, sobre todo del equipo de Gobierno actual.  Sí estuvieron José Manuel  López Carrizo y ex-alcalde, Raúl Amores.

Tienen razón mi amigo socialista, a los más jóvenes les falta memoria  y, en el caso de José Miguel, es  muy importante recordarlo porque fue Alcalde, Secretario General  del PSOE de Tarancón,  un socialdemócrata convencido desde antes de Felipe González, un artista considerado al que se le debe, valga como ejemplo,  el palo de metal del estandarte de El Caño Gordo que les fabricó y que permanecerá inalterable por los siglos, y por encima de todo un taranconero que estuvo dispuesto a arrimar el hombro por su pueblo generosamente, sin hacer ruido y en gabardina.


Fotografías de archivo facilitadas por Mariano Collado.




domingo, 29 de marzo de 2020

Vacuna de la Viruela:
Real Expedición Filantrópica Española
para su difusión global, 1803-1810





Busto de Francisco Javier Balmis en la Facultad
de Medicina de la HMH en San Juan de Alicante.

La epidemia del virus COVID-19, más conocido popularmente como el "Coronavirus", convertido en pandemia a nivel mundial por no existir una vacuna para luchar contra él en pleno siglo XXI, hace que a la desesperada se esté experimentando inyectando a los enfermos plasma de pacientes que han conseguido superar la enfermedad y al parecer con resultados esperanzadores, que serán un paso importantísimo para desarrollar una vacuna eficaz, seguro que no tardando, contra tan mortífero virus. La noticia de este posible nuevo sistema de curación que se presenta como una gran novedad, me ha hecho recordar que hace años, en una publicación cuyo título no recuerdo, leí que España había organizado una expedición para vacunar de la viruela en el siglo XIX a los habitantes de sus territorios de ultramar, tanto en América como en las Islas Filipinas y China con un método similar.


No me costó demasiado encontrar en Wikipedia la historia apasionante de cómo en el siglo XIX, hace 217 años, de una forma rudimentaria, pero que sin duda fue la base de las actuales vacunas, y que hoy vuelve a experimentarse con él para luchar contra el Coronavirus, sirvió entonces para erradicar aquella mortífera pandemia en muchos territorios alejados de la moderna medicina de entonces, todavía incipiente.

Una expedición médica promovida por el médico español Francisco Javier Balmis y financiada por la Corona Española reinando el rey Borbón Carlos IV, partió de España con 22 niños que portaban el suero en sus brazos, que contenía anticuerpos fabricados por el organismo de los chiquillos, para combatir de la misma forma que hoy se quiere utilizar, la Viruela en las posesiones españolas en América, Filipinas, e incluso China por primera vez, vacunando a miles de personas para salvar a cientos de miles, o millones, puesto que el método siguió usándose durante años gracias a la creación de grupos encargados de seguir el método para que continuaran con las vacunaciones.

Aquella misión científica y humanitaria, no salió gratis pues Los niños que viajaron para ser portadores dentro de sus propios cuerpos del suero sanador, no volvieron a España, así como otros miembros de la expedición.

Pedro López Ocaña
29/03/2020



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La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también conocida como Expedición Balmis en referencia al médico español Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1806. Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio Español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.
El rey Carlos IV apoyó y sufragó con fondos públicos al médico de la corte, el doctor Balmis, en su idea de una vacunación masiva de niños a lo largo del imperio, ya que su propia hija, la infanta María Teresa, había fallecido a causa de la enfermedad.
Se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia. ​ Se puede entender globalmente como «una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo para transportar la vacuna y prevenir las epidemias de viruelas. Dando como resultado uno de los viajes más extraños que tiene como protagonista a la medicina y a la ciencia en el siglo XIX».​


Inicios


 Estatua ecuestre de Carlos IV de Manuel Tolsá, Ciudad de México..

En 1796 durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural inglés, Edward Jenner. observó que las ordeñadoras de vacas lecheras adquirían ocasionalmente una especie de «viruela de vaca» o «viruela vacuna» (cowpox) por el contacto continuado con estos animales, y que era una variante leve de la mortífera viruela «humana», contra la que quedaban así inmunizadas. Tomó suero de esta vacuna y consiguió inocularlo a James Philips, un niño de 8 años. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna, pero mucho más leve, y no murió. El resto de los niños inoculados respondieron sorprendentemente bien.
Jenner publicó finalmente sus trabajos en 1798, y ya en diciembre de 1800 la vacuna había llegado a España, concretamente a Puigcerdá, de la mano del doctor Francisco Piguillem i Verdacer,​ Tanta celeridad, en un tiempo en que las noticias viajaban a caballo o en barco de vela, da una imagen de la gravedad de las circunstancias. Rápidamente el método de Jenner se difundió por Europa, y Francisco Javier de Balmis tradujo al español el libro del francés Jacques-Louis Moreau, de la Sarthe, en el cual se detallaba el procedimiento para vacunar.
Cinco años después de la publicación de este descubrimiento, en 1803, el rey de España Carlos IV, que había perdido a una de sus hijas por la viruela, María Teresa (1791-1794), aconsejado por su médico de corte Balmis, mandó organizar una expedición para extender la vacuna a todos los dominios de Ultramar (América y Filipinas). Además, en 1805 se promulgó una real cédula mandando que en todos los hospitales se destinase una sala para conservar el fluido vacuno. El elegido para esta misión fue el alicantino Balmis, que partió de La Coruña con los veintidós niños que iban a llevar el fluido vacuno en sus brazos hasta América, y 2000 ejemplares del libro sobre la vacuna, para establecer juntas de vacunación en las ciudades visitadas que garantizasen la conservación del fluido y la vacunación a las generaciones futuras. Era la primera vez en la historia que se preparaba lo que ahora llamaríamos una misión humanitaria de medicina preventiva, y que significó uno de los primeros pasos para la erradicación de la enfermedad a escala mundial. ​
Uno de los principales problemas que se presentaron a la hora de idear la expedición fue cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto en perfecto estado. La solución se le ocurrió al mismo Balmis: llevar en el viaje a cierto número de niños, e ir pasando cada cierto tiempo la vacuna de uno a otro mediante el contacto del fluido de las pústulas.
Desarrollo

Recorrido de la expedición.

La operación comenzó con el flete del navío María Pita, que llevaba a veintidós niños huérfanos (entre tres y nueve años) que habían sido inoculados con la vacuna aún viva en su cuerpo; Balmis, prestigioso cirujano; dos médicos asistentes, dos prácticos, tres enfermeras y la rectora del orfanato Casa de Expósitos de La Coruña Isabel Zendal Gómez.

El 30 de noviembre de 1803 zarpó el navío con 37 personas desde el puerto de La Coruña. Entre los veintidós niños había seis venidos de la Casa de Desamparados de Madrid, otros once del Hospital de la Caridad de La Coruña y cinco de Santiago. La vacuna debió ser llevada por niños que no hubieran pasado la viruela, y se transmitió de uno a otro cada nueve o diez días. Niños entre los que se encontraba el propio hijo de Isabel, Benito Vélez, de nueve años, y Andrés Naya (8 años), Antonio Veredia (7 años), Cándido (7 años), Clemente (6 años), Domingo Naya (6 años), Francisco Antonio (9 años), Francisco Florencio (5 años), Gerónimo María (7 años), Jacinto (6 años), José (3 años), Juan Antonio (5 años), Juan Francisco (9 años), José Jorge Nicolás de los Dolores (3 años), José Manuel María (6 años), Manuel María (3 años), Martín (3 años), Pascual Aniceto (3 años), Tomás Melitón (3 años), Vicente Ferrer (7 años), Vicente María Sale y Bellido (3 años) y un niño más que falleció durante el viaje.


             
El María Pita, navío fletado para la expedición, partiendo del puerto
                                                          de La Coruña en 1803 (grabado de Francisco Pérez).

Las normas de la expedición indicaban claramente el cuidado que los niños debían recibir. Ninguno de ellos regresó a Galicia.
[...] Serán bien tratados, mantenidos y educados, hasta que tengan ocupación o destino con que vivir, conforme a su clase y devueltos a los pueblos de su naturaleza, los que se hubiesen sacado con esa condición. (Normas que regulaban cuestiones de la Real Expedición).
Cada niño recibió un hatillo que contenía dos pares de zapatos, seis camisas, un sombrero, tres pantalones con sus respectivas chaquetas de lienzo y otro pantalón más de paño para los días más fríos. Para el aseo personal: tres pañuelos para el cuello, otros tres para la nariz y un peine; y para comer: un vaso, un plato y un juego completo de cubiertos.[8]
La misión consiguió llevar la vacuna hasta las islas Canarias, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Nueva España, Filipinas y China.​ El barco llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Moreau de la Sarthe, para ser distribuido por las comisiones de vacunación que se fundaran.
La expedición llegó a Santa Cruz de Tenerife, donde pasó un mes vacunando, y salió de Canarias el 6 de enero de 1804, llegando a Puerto Rico el 9 de febrero de 1804. No se necesitó vacunar a la población de Puerto Rico ya que la vacuna fue llevada a la isla desde la colonia danesa de Saint Tomás. El 26 de mayo de 1804 llegó al puerto de La Habana, quedando sorprendidos al observar que la vacunación contra la viruela ya había sido llevada a cabo gracias a la actividad de Tomás Romay.

Capitanía General de Venezuela
La expedición se dividió en La Guaira:
·         Balmis se trasladó a Caracas, donde instaló la Junta Central de la Vacuna con el apoyo de José Domingo Díaz y Vicente Salias antes de marchar a Puerto Cabello y la Habana. El poeta venezolano Andrés Bello escribió incluso una «Oda a la vacuna» en 1804.
·         José Salvador y Lleopart, el segundo cirujano, se adentró en la Nueva Granada (actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá) y el Virreinato del Perú (actuales Perú, Chile y Bolivia). Le tomo siete años recorrer el territorio, y los esfuerzos del viaje se llevaron la vida del propio Salvany, que murió en Cochabamba en 1810.

Nueva España (1805)
En el territorio del actual México, Balmis recogió veinticinco huérfanos para que mantuvieran la vacuna viva durante la travesía del océano Pacífico, a bordo del navío Magallanes. Partieron el 8 de febrero de 1805 del puerto de Acapulco rumbo a Manila (Filipinas), llegando a dicha ciudad el 15 de abril de 1805.

Capitanía General de Filipinas


Recorrido de la expedición en las Filipinas.

En las Filipinas la expedición recibió una importante ayuda de la Iglesia local para organizar las vacunaciones de indígenas. El 14 de agosto de 1809 el grueso de la expedición regresó a Acapulco, mientras Balmis, descartando volver a tierras novohispanas, siguió avanzando hacia la China. Isabel permanecería en Puebla con su hijo; ya no volverían a España.

China
Conociendo que la vacuna no había alcanzado China, Balmis solicitó permiso para marchar hacia Macao, permiso que le fue concedido, partiendo de Manila el 3 de septiembre de 1805.
Balmis arribó finalmente, y tras un accidentado viaje a la colonia portuguesa de Macao, el 5 de octubre de ese mismo año se adentró en territorio chino. Vacunó a la población de varias ciudades hasta llegar a la provincia de Cantón.
Regreso a España
En su camino de vuelta a España, Balmis consiguió convencer a las autoridades británicas de la isla Santa Elena (1806) para que accediesen a la vacunación de la población.
El propio descubridor de la vacuna de la viruela Edward Jenner escribió sobre la expedición:
No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que éste. ​
Sobre el mismo hecho Alexander von Humboldt escribía en 1825: “Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la Historia”.​



Monumento en el puerto de La Coruña en homenaje
a los niños de la expedición.

La expedición en la ficción
·         2006: La novelista dominicano-estadounidense Julia Álvarez escribió un relato de ficción sobre la expedición desde la perspectiva de la rectora del orfanato, Isabel Zendal Gómez, en Saving the World (2006).
·         2010: La expedición fue recreada también por la escritora madrileña Almudena de Arteaga en su novela Ángeles custodios, de 2010. ​
o    2016: La película de TVE 22 ángeles, de Miguel Bardem  (2016), está basada en la novela Ángeles custodios (2010). ​
·         2011: Esta expedición es el tema central de la novela de Antonio Villanueva Edo Los héroes olvidados (2011).
·         2013: El escritor zaragozano Javier Neveo novela la expedición, narrada por uno de los niños, en Los niños de la vacuna (2013).
·         2015: El ganador del Premio Planeta, Javier Moro, cuenta en clave novelística la historia de estos niños en su libro A flor de piel (2015).
·         2017: La escritora española María Solar relata en su libro Los niños de la viruela (2017) los momentos previos al embarque.

NOTA DEL BLOG EN TARANCON: OPINIÓN Y CULTURA: Hemos suprimido casi todos los enlaces a informaciones complementarias por facilitar la lectura del artículo, excepto el que accede a la biografía del médico Francisco Javier Balmis y el que detalla la enfermedad de la Viruela. Quien esté interesado en profundizar más en otros detalles, puede acceder a la publicación original de Wikipedia en el siguiente enlace: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Real_Expedici%C3%B3n_Filantr%C3%B3pica_de_la_Vacuna